Papa João Paulo II


Abril 2 de 2005

En la plaza de San Pedro, después de haber sido dada la noticia oficial, las personas bajaron la cabeza. Pero luego, al instante, vino el aplauso. Un aplauso en nombre de todos los que, en aquel momento, querían estar allí, no para llorar su muerte, sino para decir:

Gracias por haber vivido.
Gracias por habernos recordado el don de la perseverancia.
Gracias por habernos abierto los ojos al don de la fe.
Gracias por haber tocado nuestro corazón con el don de la voluntad.
Gracias porque, en el momento en que todos se sentían débiles, tu ejemplo nos devolvió la fuerza.
Gracias por proclamar la paz diciendo que la guerra, independiente de los vencedores, es siempre una derrota para la humanidad.
Gracias por recordarnos el respeto al planeta, cuando comentaste: “yo beso la tierra como yo beso las manos de mi madre”.
Gracias por salir al encuentro de tu rebaño, que tanto necesitaba verte y escucharte decir: “yo fui hasta ustedes y ustedes vinieron a mí.”
No tengan miedo de partir hacia lo desconocido. Caminen con coraje, fe y confianza, sabiendo que yo camino con ustedes”.

Estas son tus palabras, tú diste el ejemplo y nosotros seguiremos adelante.

Derramaremos nuestras lágrimas, pero esperamos que no las veas sino que sólo escuches nuestro aplauso, Juan Pablo II, el Papa Peregrino.

Paulo Coelho


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