Jorge Amado: Al mayor de todos


Al mayor de todos

Me telefonea mi hermana diciendo que Jorge Amado ha muerto. Poco después, todos los teléfonos de la casa empiezan a sonar. Son periodistas que desean una declaración, una opinión, una palabra. ¿Qué puedo decir? Sé que los diarios se encargarán de alabarlo, de comentar su importancia para la literatura brasileña. Sé que los durísimos críticos, a los cuales tuvo que soportar la vida entera, ahora permanecerán callados y hasta es posible que dentro de algunas semanas lo estén elogiando.

¿Qué puedo yo entonces, decir del mayor escritor brasileño del siglo XX?
Dejaré para otros el análisis de sus grandes cualidades literarias, de cómo fue capaz de capturar en sus libros el alma del Brasil. Me limitaré a relatar tres actitudes de él que me conciernen.


Atravesando la Avenida Copacabana (1982)

Yo había editado, con mis propios recursos, un libro llamado "Los archivos del infierno". Todos nosotros sabemos lo difícil que es publicar un trabajo, pero existe algo aún más complicado: lograr que sea colocado en las librerías. Todas las semanas mi mujer iba a visitar a los libreros de una zona de la ciudad, y yo iba para la opuesta a hacer lo mismo.
Fue así que, con ejemplares de mi libro bajo el brazo, ella iba atravesando una calle cercana a nuestra casa y ¡he aquí que Jorge Amado y Zélia Gattai están en la acera de enfrente! Sin detenerse a pensar, ella los abordó y explicó que su marido era escritor. Jorge y Zélia (que probablemente debían de escuchar eso todos los días) la trataron con el mayor cariño, la invitaron a tomar un café, pidieron un ejemplar, y terminaron deseando que todo fuera bien en mi carrera literaria.
"¡Mira que eres loca!" le dije, cuando ella volvió a casa "¿No ves que es el más importante escritor brasileño?"
"Justamente por eso" respondió ella. "Quien llega hasta donde él llegó, debe tener el corazón puro".

 

El recorte en el sobre

Las palabras de Cristina no podían ser más acertadas: el corazón puro. Y Jorge, el escritor brasileño más conocido en el exterior, era (y es) la gran referencia de lo que sucedía en nuestra literatura.
Un buen día, no obstante, "El Alquimista", escrito por otro brasileño, entra en la lista de los más vendidos de Francia y en pocas semanas llega al primer lugar.
Días después, recibo por el correo un recorte de la lista, junto con una carta afectuosa, felicitándome por el hecho. Busco al remitente: ¡Jorge Amado! Dentro venía una nota: "¡Qué orgullo para todos nosotros!" Acompañaba el recorte de la revista, con la lista de los más vendidos.,

A partir de entonces, algunos periodistas - brasileños y extranjeros – empiezan a provocarlo, haciendo preguntas insidiosas. Pero Jorge en ningún momento se deja llevar por el lado fácil de la crítica destructiva, y pasa a ser mi defensor en un momento difícil para mí, ya que la mayor parte de los comentarios sobre mi trabajo eran muy duros.

 

La desesperación de Anne

Recibo finalmente mi primer premio literario en el exterior – más exactamente en Francia. Sucede que, el día de la entrega, tendré que estar en Los Ángeles por causa de compromisos asumidos con anterioridad. Anne Carrière, mi editora, se desespera. Habla con los editores americanos, que rehusan modificar la fecha de mis conferencias, ya programadas.
Se acerca la fecha del premio, y el premiado no podrá asistir; ¿ qué hacer? Anne, sin consultarme, telefoneó a Jorge Amado. Consiguió localizarlo en Roma y le explicó la situación. Instantáneamente Jorge se ofreció para representarme en la entrega del premio. A la mañana siguiente tomó un avión, telefoneó al embajador brasileño y le pidió que asistiera al acto. Y allí, en la ceremonia del premio, pronunció un espléndido discurso, que dejó a todos los asistentes emocionados.

Lo más curioso de todo esto es que yo solo llegaría a conocer a Jorge Amado personalmente casi un año después. Me había ayudado en los momentos en que más lo necesitaba sin que jamás hubiéramos tenido un contacto personal. Por lo tanto, cuando hoy los teléfonos suenan y los diarios informan que murió, yo me pregunto ¿es que un gran escritor muere? No lo creo. Su alma está presente en cada uno de sus libros y mientras él los escribía, escribía también un importante capítulo de la literatura brasileña. Pero su alma también continuará presente, para siempre, en la de tantas y tantas personas a las que él ayudó y estimuló con su humanidad y generosidad.


*Copyright 2001 by Paulo Coelho
All Rights Reserved

 

 
Copyright © Fã Clube Oficial Paulo Coelho.
Todos os direitos reservados.